El día que Pancho Villa bautizó una de las calles más importantes de la Ciudad de México

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Nota publicada originalmente
en lopezdoriga.com.

EN EL CENTRO HISTÓRICO DE LA CIUDAD DE MÉXICO, en lo que actualmente es la esquina de Madero e Isabel la Católica, el general Francisco Villa, líder de la División del Norte, tomó una escalera para subir a develar una placa en el muro del edificio que se encuentra en ese punto.

Era el 6 de diciembre de 1914, y los Ejércitos de Villa y Emiliano Zapata hacían su entrada triunfal a la capital marchando desde Chapultepec hasta el Palacio Nacional, vitoreados todo el tiempo por la multitud que se reunió en las calles para verlos pasar.

Pero al llegar a este punto –donde hoy existe una tienda Zara, a unos pasos del Museo del Estanquillo y frente al templo de La Profesa– Villa, que ya había recorrido el Paseo de la Reforma y la Avenida Juárez, se detuvo para hacer un homenaje.

La placa que develó y que estaba colocada a unos tres metros del suelo decía “Avenida Francisco I. Madero”. Así, desde ese momento, esa calle, que va de lo que hoy es el Eje Central hasta la Plaza de la Constitución, lleva el nombre del líder político de la Revolución.

La calle de “Madero” no fue nombrada así por el decreto de algún Virrey o por alguna autoridad gubernamental federal o local, sino por una iniciativa del mismísimo “Centauro del Norte”. Le puso así “por sus pistolas”, pues.

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Que nadie se atreva a cambiarle el nombre

Para asegurarse de que a nadie se le ocurriera cambiar esa decisión, se dice que Villa juró que mataría a cualquiera que intentara cambiarle el nombre a la nueva calle de Madero.

Hasta ese entonces, esa artería tenía varios nombres: Primera y Segunda calle de San Francisco, Calle de la Profesa y Paseo de Plateros; pero esta decisión de Pancho Villa la unificó con el homenaje al presidente que fuera cobardemente asesinado el 22 de febrero de 1913.

Villa de verdad admiraba a Madero. De hecho, antes de rendir este homenaje, fue al Panteón Francés para depositar una ofrenda en su sepulcro, y las crónicas de la época señalan que estalló en llanto durante varios minutos.

Después de develar la placa, Madero se dirigió a Palacio Nacional y se tomó la famosa foto en la que aparece sentado en la silla presidencial a un lado de Zapata.

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Hoy, esta calle peatonal, cuya historia se remonta prácticamente a la época prehispánica, es la puerta de entrada para las miles de personas que recorren diariamente el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Curiosamente, en la capital no hay ninguna calle importante con el nombre de Francisco Villa, aunque sí de su Ejército: División del Norte.

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