Creer que la universidad te resolverá la vida

En México hay poco más de 2 millones de estudiantes universitarios.
En México hay poco más de 2 millones de estudiantes universitarios.

Para muchos mexicanos,
educación técnica
es sinónimo de ser jodido

A PRINCIPIOS de los años 60, se decía que, por cada egresado universitario, existían tres ofertas de trabajo. Lo cierto es que, en ese entonces, un profesional, como un médico o un abogado, tenía grandes oportunidades económicas en su futuro inmediato por el único hecho de tener un título.

Sin embargo, en la actualidad, evidentemente esa situación ha cambiado. De hecho, Carlos Muñoz Izquierdo, experto en temas educativos por la Universidad Iberoamericana, declaró alguna vez que, dese la década de los 90, sólo existe un trabajo por cada cuatro egresados.

Las cifras de la educación superior en México son tan caóticas como el tema mismo.

De acuerdo con cifras de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Educación Superior (ANUIES), cada año se integran al mercado laboral cerca de 260 mil personas que egresan de alguna carrera, pero al menos 16 por ciento de ellos no encuentran trabajo, lo que representa que, para 2020, habrá unos 3 millones de egresados universitarios desempleados.

Otras cifras más alarmantes señalan que hasta 6 de cada 10 profesionales en México no tienen empleo y otras afirman que, de los que trabajan, se dedican a una profesión diferente a la que estudiaron.

A pesar de que las cifras que describen el futuro de los egresados universitarios no son halagadoras, en el imaginario colectivo de los mexicanos sigue existiendo la idea de que estudiar una carrera profesional garantiza el futuro económico de una persona.

Por eso se vuelven relevantes noticias como la del pasado fin de semana, en la que se dio a conocer que casi 90 por ciento de quienes presentaron su examen en el segundo concurso de selección para entrar a la Universidad Nacional Autónoma de México no lograron obtener un lugar.

Ingresar a la UNAM es la opción más atractiva (no la única) para muchos jóvenes mexicanos que no pueden pagar una carrera universitaria en una escuela privada, por lo que cada año cerca de 150 mil personas se quedan sin un lugar dentro de los más de 170 programas que imparte la Máxima Casa de Estudios.

También cada año aparecen diversos grupos que exigen a la UNAM abrir más lugares para admitir a los aspirantes que no fueron aceptados (escandalosamente llamados “rechazados”) y una de las principales demandas es abrir más lugares.

A inicios de los 70, tras las protestas estudiantiles de finales de los 60 que, entre otras cosas, exigían más acceso a la educación superior, se abrieron más lugares en la UNAM con la creación de nuevos planteles, como los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH) a nivel bachillerato o las Escuelas Nacionales de Estudios Superiores (ENEP) a nivel profesional. Evidentemente, ese crecimiento no fue suficiente, pero hoy, 40 años después, todavía hay quien piensa que la solución al problema de los “rechazados” será la misma: abrir más lugares.

Otra solución que suele proponerse es crear más universidades públicas, pero tampoco suele ser algo exitoso y, por el contrario, se convierten en más generadoras de problemas que de soluciones. Un ejemplo de ello es la Universidad de la Ciudad de México, en la que nadie quiere estudiar y es más un botín político que una casa de estudios.

La verdadera solución para la educación superior en México y para abatir en parte (sólo en parte) el problema de desempleo de los profesionales no es abrir más lugares o más universidades, sino crear nuevos modelos, como los de educación tecnológica, que funcionan en países como Canadá o Francia, que forman profesionales en menos tiempo y con las habilidades necesarias para el trabajo. Así, alguien que trabaje en la industria metalmecánica no tendrá que esperar cuatro años y medio para graduarse de ingeniero, sino que en dos años obtendrá las habilidades necesarias para trabajar en esa área y tendrá la opción, si así lo desea, de regresar a la escuela para terminar la universidad estudiando otro para de años. En países como el Reino Unido, profesionales de todo tipo, como carpinteros o electricistas, suelen salir de este tipo de modelos.

El problema es que en México ese modelo es mal visto socialmente, o lo que es lo mismo, para muchos mexicanos, educación técnica es sinónimo de ser jodido. Basta con ver algunos trendig topics en Twitter en los que se expresan frases en tono despectivo como “pareces del Conalep”.

Esto es sólo una parte del panorama, pero así de complejo es el problema de la educación superior en México. Tiene elementos económicos, políticos, estructurales, culturales y sociales que no se arreglarán con demagogia, decretos o buenas intenciones, sino con un verdadero cambio en las personas, autoridades educativas y gobiernos.

Es cierto que hay que trabajar en la cobertura educativa a nivel superior del País, pero no se trata de un tema de cantidad, sino de formatos. Pero parece que nadie está dispuesto a invertir ahora capital político y económico en un proyecto como ese que tardaría un par de décadas en empezar a arrojar resultados.

2 Comments

  1. Dicho de manera coloquial: la licencia de automovilista, ni no da el automóvil y tampoco nos hace circular. Bien señalas que en México las carreras técnicas u opciones por debajo de una licenciatura se consideran un rango inferior. De hecho éste, entre muchos otros, fue uno de los temas más discutidos durante la huelga del IPN.

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